Antes
Habíamos caído en el suelo de piedras al lado de la vía. Ella respiraba fuerte por haber corrido a por mí.
Habíamos caído en el suelo de piedras al lado de la vía. Ella respiraba fuerte por haber corrido a por mí.
-¿En qué estabas pensando?- Me preguntó- ¿Es que estás loco o qué?
-Yo…- La verdad es que no sabía que contestarla. ¿Qué se le contesta a un desconocido que te acaba de salvar la vida? No tenía ni idea. –Pues… Supongo que quería morir ¿No? ¿Quién eres tú para pararme? Me había enfadado. Me había enfadado de verdad. Por una vez que me atrevía a hacer algo ¿Por qué tenía que venir alguien a pararme? Llevaba pensando en este día demasiado tiempo y no me gustaba nada que me hubiese interrumpido. Supongo que en ese momento tendría la mayor cara de enfado de mi vida. -¡A demás te enfadas! Por si no lo sabes acabo de salvarte la vida. Debería ser algo bueno ¿no?
-Pues la verdad es que no, no es bueno. Si hubiese querido salvarme habría salido de las vías yo solo. Pero bueno, me da que eso ya no importa dado que me has sacado tú. Mi enfado iba en aumento relájate solo intentaba ayudarte, respira hondo, así, tranquilízate.
Su expresión cambió. ¿Por qué? No lo sé. Ahora me miraba con dureza, directa a mis ojos pero como… ¿Compasiva? Creo que sí. No entiendo nada.
-¿Y por qué querías matarte?Qué manera más dulce de decirlo…-¿Y a ti que te importa?- Que chica más pesada. -Ni siquiera me conoces. Ante esto me tendió la mano. -Soy Carolina. ¿Y tú? -Dani. La di la mano y ella se quedó agarrándome, mirándome a los ojos. -Vamos- me dijo mientras tiraba de mi para levantarme- no me apetece estar aquí- Yo no me levanté y siguió tirando de mi- ¡Vamos!- al final acabé por levantarme. -¡Por Dios! ¿Qué demonios quieres?- Estaba siendo muy borde y lo sabía pero no podía evitarlo. Ella cambió su expresión. Ya no parecía amable. -Quiero irme de aquí y quiero que te vengas con migo ¿Y sabes por qué? Porque creo que eres capaz de volver a intentarlo y no te voy a dejar ¿Vale? Porque no sé quién demonios eres, de dónde vienes ni cuáles son tus razones para hacer esto pero he decidido salvarte. He decidido que voy a intentar salvarte de ti mismo, salvarte de lo que puedas llegar a hacer y del daño que te puedas provocar y salvarte de algo de lo que estoy segura que te arrepentirás en el último momento ¿Vale? Y ahora, o vienes con migo y me cuentas lo que te pasa (o no, no es necesario si no quieres) o me voy… de hecho no. No me pienso ir de aquí sin ti. Te vienes con migo y punto. Nadie merece morir así.
Y así fue. Me fui con ella. Tiro de mi brazo y la
verdad es que yo no intente quedarme. No me había eliminado la sensación de
inquietud, de no saber qué hacer, de querer dejar de sufrir, seguía queriendo
acabar con todo pero su enfado, sus palabras claras y reales, me habían
inspirado confianza. Igual tenía razón. Igual no debería terminar ahora, no
asi.-Yo…- La verdad es que no sabía que contestarla. ¿Qué se le contesta a un desconocido que te acaba de salvar la vida? No tenía ni idea. –Pues… Supongo que quería morir ¿No? ¿Quién eres tú para pararme? Me había enfadado. Me había enfadado de verdad. Por una vez que me atrevía a hacer algo ¿Por qué tenía que venir alguien a pararme? Llevaba pensando en este día demasiado tiempo y no me gustaba nada que me hubiese interrumpido. Supongo que en ese momento tendría la mayor cara de enfado de mi vida. -¡A demás te enfadas! Por si no lo sabes acabo de salvarte la vida. Debería ser algo bueno ¿no?
-Pues la verdad es que no, no es bueno. Si hubiese querido salvarme habría salido de las vías yo solo. Pero bueno, me da que eso ya no importa dado que me has sacado tú. Mi enfado iba en aumento relájate solo intentaba ayudarte, respira hondo, así, tranquilízate.
Su expresión cambió. ¿Por qué? No lo sé. Ahora me miraba con dureza, directa a mis ojos pero como… ¿Compasiva? Creo que sí. No entiendo nada.
-¿Y por qué querías matarte?Qué manera más dulce de decirlo…-¿Y a ti que te importa?- Que chica más pesada. -Ni siquiera me conoces. Ante esto me tendió la mano. -Soy Carolina. ¿Y tú? -Dani. La di la mano y ella se quedó agarrándome, mirándome a los ojos. -Vamos- me dijo mientras tiraba de mi para levantarme- no me apetece estar aquí- Yo no me levanté y siguió tirando de mi- ¡Vamos!- al final acabé por levantarme. -¡Por Dios! ¿Qué demonios quieres?- Estaba siendo muy borde y lo sabía pero no podía evitarlo. Ella cambió su expresión. Ya no parecía amable. -Quiero irme de aquí y quiero que te vengas con migo ¿Y sabes por qué? Porque creo que eres capaz de volver a intentarlo y no te voy a dejar ¿Vale? Porque no sé quién demonios eres, de dónde vienes ni cuáles son tus razones para hacer esto pero he decidido salvarte. He decidido que voy a intentar salvarte de ti mismo, salvarte de lo que puedas llegar a hacer y del daño que te puedas provocar y salvarte de algo de lo que estoy segura que te arrepentirás en el último momento ¿Vale? Y ahora, o vienes con migo y me cuentas lo que te pasa (o no, no es necesario si no quieres) o me voy… de hecho no. No me pienso ir de aquí sin ti. Te vienes con migo y punto. Nadie merece morir así.
La verdad es que nunca nadie se había preocupado así por mí y mucho menos alguien a quien acababa de conocer. Ve con ella, es buena.
Salimos de ahí y me encontré con que ella había venido en moto.
-¿Subes?
-Emm… tengo el long ahí… ¿Cómo lo llevo en la moto?
-no te preocupes. Entre los dos cabe.
Y así fuimos. Me subí en la moto de una completa desconocida, sin saber a dónde íbamos, confiando en que no fuese una psicópata asesina y aun así no dude ni un segundo. Estábamos en las afueras de Madrid y tras unos quince minutos llegamos al centro. Era bonito pasear por las calles de Madrid en moto. Llegamos a una parte de Madrid que yo no conocía y entramos en unas calles pequeñas de piedra hasta que llegamos a una y nos paramos. Era una calle más bien rara. Parecía una de esas calles que salen en las películas italianas con las ventanas de colores y muchas flores en ellas y las puertas de colores. Era bonito la verdad.
Bajamos de la moto y entramos en una cafetería llamada “Café au lait”. Nada más entrar un intenso aroma a café y croissants nos inundó por completo. Que bien olía. La verdad es que era un sitio muy acogedor. Pedimos una café para mí, te para ella y dos croissants y nos sentamos en una pequeña mesa verde.
-Y ahora cuéntame, cuéntame tu historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario