martes, 18 de febrero de 2014

II. Un final, una esperanza y un inicio.

Antes
Recuerdo el día en el que la conocí, junto a las vías del tren, en aquella curva donde solía sentarme a pensar (y no precisamente en cosas bonitas), a escribir o a leer, ha hacer cualquier cosa que me distrajese del mundo y que me sacase de él.
Ese día no estaba pensando. Ya había pensado demasiado. Ese día había decidido actuar. Hacía mucho tiempo que había empezado a pensar cómo seria, cuándo sería, cuando lo haría, mis razones… por muchas veces que hubiese pensado en mi muerte nunca había tenido el valor para hacerlo, pero esta vez estaba preparado.
Escribí una despedida, una última nota para quien fuese la persona que llegase a leerla. Decía así:

 “Lo siento. Bueno la verdad es que no, al fin y al cabo a nadie le importo. Espero que algún día el mundo cambie. Si no lo hace buena suerte para todos aquellos que son como yo.”

No llegaba ni a tres líneas pero al fin y al cabo ¿A quién le importaba?

Sabía los horarios de los trenes. Pasaba uno cada 37 minutos. Un número extraño, lo sé, pero así era. Me senté sobre las vías y esperé. Faltaban solo 15 minutos para el tren de las 16:45. Mis últimos quince minutos de vida.
Era curioso. Creía que cundo mi vida estuviese a punto de acabar estaría o arrepintiéndome o llorando o igual feliz de que todo terminase… pero no fue así. Me sentí vacío. Bueno, vacío no es exactamente la palabra que yo utilizaría, sería más bien como si ya nada me importara. Me refiero, las emociones estaban ahí, quería gritar, llorar y reírme a carcajadas al mismo tiempo, vivir y soñar… pero no me importaba. Ya nada me importaba. Cerré los ojos y me relaje.
Entonces fue cuando ella apareció. Al principio no reparó en mí. Ella estaba silbando Hey Jude de The Beatles  y eso me hizo abrir los ojos y mirarla. Me encantaba esa canción. Con gente como ella igual hasta queda esperanza para el mundo pensé. En ese momento ella se giró hacia mí y me miro. Ya se oía el tren a lo lejos.
-¡Eh, tu!-Me gritó- sal de ahí ¿es que estás loco?
pero yo no me moví. Deje de mirarla y volví a cerrar los ojos. Ya podía notar la vibración del tren que venía.
Pasaron lo que a mí me pareció un siglo pero que no pudieron ser más de 30 segundos. Estaba preparado. Podía afrontar la muerte y mirarla a la cara… pero algo cambio mis planes.
La chica llego hasta mí y me saco de las vías tirándome sobre el suelo pedregoso de al lado justo antes de que pasase el tren. Me había salvado.
En ese momento la odie, ahora no podría estar más agradecido por lo que hizo.

1 comentario:

  1. Esta historia me ha puesto los pelos de punta, enhorabuena, sabes transmitir.
    Pasate por mi blog y cuentame que te parece.
    Un saludo :)

    ResponderEliminar