miércoles, 26 de febrero de 2014

IV. Silencio.

Ahora
Ando por la calle. Para frente al semáforo. Cruzo. Giro a la derecha y sigo andando. Otra vez a la derecha. Paro. Ahora a la izquierda. Ya estoy. Me detengo frente a una puerta roja con una fila de timbres a un lado y para qué sirven debajo de cada uno. Pulso el número 3:
3.
Dra. Parker
Psiquiatría.
Suspiro. Todos los martes y jueves lo mismo, semana tras semana, no importa que llueva o que haga sol o que el mundo se esté derrumbando o nada de eso. Yo tengo que venir aquí todos los marte y jueves a ver a mi psiquiatra Clare que me ayuda a "superar" la muerte de Carolina. Hoy es jueves.
Me abren la puerta vamos muévete
Tercer piso a la derecha. Subo y entro al piso yendo directamente a la sala de espera. Odio este sitio. Se supone que la consulta de un médico huele a desinfectante y enfermedades pero la de un psiquiatra... No debería oler así ¿No? igual es que estoy paranoico y que huelo a hospital todo el rato, tal vez (dado que huele a hospital hasta en el chino de en frente de mi casa) pero no se  mi me parece que aquí huele de verdad, no solo en mi imaginación.
Lo peor de la consulta no es el olor, lo peor es el silencio. No se oye absolutamente nada y eso me saca de quicio. Solo se oye un eco de fondo de las voces que salen de la consulta pero no lo suficientemente alto como para poder oír algo de lo que hablan lo cual me parece muy molesto.
Son las cinco menos cinco. Al menos solo tendré que esperar aquí cinco minutos y luego una hora aburrida allí dentro y ya está, libre hasta el martes que viene. Os explicaré porque no me gusta estar aquí. ¿Qué os parecería estar en un lugar al que solo (en mi opinión) van los locos, los que están mal de la chota, cuando tú estás más sano que una lechuga en una nevera? pues yo os digo lo que os debería parecer: un asco, un asco tremendo. Al fin y al cabo si acabas yendo a un sitio como este es porque realmente lo necesitas o porque alguien cree que lo necesitas pero os diré una cosa, una persona raramente va al psicólogo sin que la obliguen. Y aquí me encuentro yo que vengo dos veces por semana para no hacer nada salvo gastar una hora de mi vida y los 100$ que me cobran por visita solo porque a mi madre le apetece. Y a esto mucha gente me dirá: ¡Oh que madre más buena! o ¡Qué bien te trata tu madre! Pues en realidad no. A ella yo no la importo, solo quiere que salga de casa para... mejor no escribo aquí para que pero digamos que es algo que hacen los adultos (y cada vez más adolescentes). Pero bueno lo más probable es que en cual quiero caso me hubiese mandado aquí.
Se oye la puerta al abrirse y de la habitación sale una chica rubia muy guapa pero demasiado delgada. Da un poco de grima no la mires no es de buena educación mirar a la genteAhora me toca entrar a mí... No me apetece nada pero me levanto y entro en la consulta donde la estúpida de Clare me está esperando.
-Dani me alegro de verte tan bien hoy- Me señala a la silla y yo me siento.
Ninguno de los dos decimos nada más hasta que ella empieza con sus preguntas habituales.
-¿Qué tal te encuentras esta semana?
No contesto.
-Me tomare eso como un bien. ¿Comes bien?
No contesto.
-¿Te tomas las pastillas todos los días?
No contesto. Sabe que no voy a contestar, jamás he contestado a ninguna de sus preguntas.
-Ya veo...
Ella sigue haciéndome preguntas sobre mi vida, lo que hago cada día, lo que hacía antes, lo que debería hacer... no sé cómo no se cansa.
-Dani sabes que deberías hablarme ¿No? estoy aquí para ayudarte. No quiero que te sientas incómodo ni nada pero no estás bien y tú lo sabes-Parece que se va a callar pero sigue hablando- Igual si me contases como lo estás pasando puedo ayudarte y...
la interrumpo. Es la primera vez que hablo con ella desde que vine por primera vez a su consulta hace tres semanas.
-¡No quiero su ayuda! ¿Es que no lo ve? yo solo quiero que me dejen todos en paz. ¿Qué se me pasará? ¡ya lo sé! pero ya se pasará solo.
Ella me mira con cara de asombro. Probablemente hasta ahora pensase que era mudo o algo.
Me pongo en pie y me encamino hacia la puerta. Al menos la hora ya ha pasado y no podrá pararme si me voy. Salgo y oigo un grito a lo lejos.
-ESTAS MEJORANDO ¡SIGUE ASÍ!
Cállese por dios suspiro.

Cuando salgo a la calle siento como si algo hubiese cambiado pero realmente no se el que. Pero sé que es algo porque sin siquiera pensarlo en vez de girar hacia la derecha e irme a casa, giro hacia la izquierda, sin rumbo fijo y me pongo a andar. Por primera vez en un par de meses enciendo mi móvil y me pongo los auriculares y por primera vez en meses dejo que la música me llene, dejo que me deje llevar a donde quiera que vallan esas notas perdidas que tanto he tardado en encontrar, dejo que me lleven otra vez a ese lugar en el que alguna vez he sido feliz.



jueves, 20 de febrero de 2014

III. Una discusión, un pensamiento, una vida.

Antes
Habíamos caído en el suelo de piedras al lado de la vía. Ella respiraba fuerte por haber corrido a por mí.
-¿En qué estabas pensando?- Me preguntó- ¿Es que estás loco o qué?
-Yo…- La verdad es que no sabía que contestarla. ¿Qué se le contesta a un desconocido que te acaba de salvar la vida? No tenía ni idea. –Pues… Supongo que quería morir ¿No? ¿Quién eres tú para pararme? Me había enfadado. Me había enfadado de verdad. Por una vez que me atrevía a hacer algo ¿Por qué tenía que venir alguien a pararme? Llevaba pensando en este día demasiado tiempo y no me gustaba nada que me hubiese interrumpido. Supongo que en ese momento tendría la mayor cara de enfado de mi vida. -¡A demás te enfadas! Por si no lo sabes acabo de salvarte la vida. Debería ser algo bueno ¿no?
-Pues la verdad es que no, no es bueno. Si hubiese querido salvarme habría salido de las vías yo solo. Pero bueno, me da que eso ya no importa dado que me has sacado tú. Mi enfado iba en aumento relájate solo intentaba ayudarte, respira hondo, así, tranquilízate.
Su expresión cambió. ¿Por qué? No lo sé. Ahora me miraba con dureza, directa a mis ojos pero como… ¿Compasiva? Creo que sí. No entiendo nada.
-¿Y por qué querías matarte?Qué manera más dulce de decirlo…-¿Y a ti que te importa?- Que chica más pesada. -Ni siquiera me conoces. Ante esto me tendió la mano. -Soy Carolina. ¿Y tú? -Dani. La di la mano y ella se quedó agarrándome, mirándome a los ojos. -Vamos- me dijo mientras tiraba de mi para levantarme- no me apetece estar aquí- Yo no me levanté y siguió tirando de mi- ¡Vamos!- al final acabé por levantarme. -¡Por Dios! ¿Qué demonios quieres?- Estaba siendo muy borde y lo sabía pero no podía evitarlo. Ella cambió su expresión. Ya no parecía amable. -Quiero irme de aquí y quiero que te vengas con migo ¿Y sabes por qué? Porque creo que eres capaz de volver a intentarlo y no te voy a dejar ¿Vale? Porque no sé quién demonios eres, de dónde vienes ni cuáles son tus razones para hacer esto pero he decidido salvarte. He decidido que voy a intentar salvarte de ti mismo, salvarte de lo que puedas llegar a hacer y del daño que te puedas provocar y salvarte de algo de lo que estoy segura que te arrepentirás en el último momento ¿Vale? Y ahora, o vienes con migo y me cuentas lo que te pasa (o no, no es necesario si no quieres) o me voy… de hecho no. No me pienso ir de aquí sin ti. Te vienes con migo y punto. Nadie merece morir así.
así fue. Me fui con ella. Tiro de mi brazo y la verdad es que yo no intente quedarme. No me había eliminado la sensación de inquietud, de no saber qué hacer, de querer dejar de sufrir, seguía queriendo acabar con todo pero su enfado, sus palabras claras y reales, me habían inspirado confianza. Igual tenía razón. Igual no debería terminar ahora, no asi.
La verdad es que nunca nadie se había preocupado así por mí y mucho menos alguien a quien acababa de conocer. Ve con ella, es buena.
Salimos de ahí y me encontré con que ella había venido en moto.
-¿Subes?
-Emm… tengo el long ahí… ¿Cómo lo llevo en la moto?
-no te preocupes. Entre los dos cabe.
Y así fuimos. Me subí en la moto de una completa desconocida, sin saber a dónde íbamos, confiando en que no fuese una psicópata asesina y aun así no dude ni un segundo. Estábamos en las afueras de Madrid y tras unos quince minutos llegamos al centro. Era bonito pasear por las calles de Madrid en moto. Llegamos a una parte de Madrid que yo no conocía y entramos en unas calles pequeñas de piedra hasta que llegamos a una y nos paramos. Era una calle más bien rara. Parecía una de esas calles que salen en las películas italianas con las ventanas de colores y muchas flores en ellas y las puertas de colores. Era bonito la verdad.
Bajamos de la moto y entramos en una cafetería llamada “Café au lait”. Nada más entrar un intenso aroma a café y croissants nos inundó por completo. Que bien olía. La verdad es que era un sitio muy acogedor. Pedimos una café para mí, te para ella y dos croissants y nos sentamos en una pequeña mesa verde.
-Y ahora cuéntame, cuéntame tu historia.

martes, 18 de febrero de 2014

II. Un final, una esperanza y un inicio.

Antes
Recuerdo el día en el que la conocí, junto a las vías del tren, en aquella curva donde solía sentarme a pensar (y no precisamente en cosas bonitas), a escribir o a leer, ha hacer cualquier cosa que me distrajese del mundo y que me sacase de él.
Ese día no estaba pensando. Ya había pensado demasiado. Ese día había decidido actuar. Hacía mucho tiempo que había empezado a pensar cómo seria, cuándo sería, cuando lo haría, mis razones… por muchas veces que hubiese pensado en mi muerte nunca había tenido el valor para hacerlo, pero esta vez estaba preparado.
Escribí una despedida, una última nota para quien fuese la persona que llegase a leerla. Decía así:

 “Lo siento. Bueno la verdad es que no, al fin y al cabo a nadie le importo. Espero que algún día el mundo cambie. Si no lo hace buena suerte para todos aquellos que son como yo.”

No llegaba ni a tres líneas pero al fin y al cabo ¿A quién le importaba?

Sabía los horarios de los trenes. Pasaba uno cada 37 minutos. Un número extraño, lo sé, pero así era. Me senté sobre las vías y esperé. Faltaban solo 15 minutos para el tren de las 16:45. Mis últimos quince minutos de vida.
Era curioso. Creía que cundo mi vida estuviese a punto de acabar estaría o arrepintiéndome o llorando o igual feliz de que todo terminase… pero no fue así. Me sentí vacío. Bueno, vacío no es exactamente la palabra que yo utilizaría, sería más bien como si ya nada me importara. Me refiero, las emociones estaban ahí, quería gritar, llorar y reírme a carcajadas al mismo tiempo, vivir y soñar… pero no me importaba. Ya nada me importaba. Cerré los ojos y me relaje.
Entonces fue cuando ella apareció. Al principio no reparó en mí. Ella estaba silbando Hey Jude de The Beatles  y eso me hizo abrir los ojos y mirarla. Me encantaba esa canción. Con gente como ella igual hasta queda esperanza para el mundo pensé. En ese momento ella se giró hacia mí y me miro. Ya se oía el tren a lo lejos.
-¡Eh, tu!-Me gritó- sal de ahí ¿es que estás loco?
pero yo no me moví. Deje de mirarla y volví a cerrar los ojos. Ya podía notar la vibración del tren que venía.
Pasaron lo que a mí me pareció un siglo pero que no pudieron ser más de 30 segundos. Estaba preparado. Podía afrontar la muerte y mirarla a la cara… pero algo cambio mis planes.
La chica llego hasta mí y me saco de las vías tirándome sobre el suelo pedregoso de al lado justo antes de que pasase el tren. Me había salvado.
En ese momento la odie, ahora no podría estar más agradecido por lo que hizo.

I. Días que pasan, lágrimas que caen, un recuerdo y un último grito.

Ahora
Han pasado ya veintitrés días. Veintitrés días desde que la persona más importante de mi vida se fue para siempre. Sé que mi vida ha sido corta y que 18 años no deberían contar realmente como vida pero ella fue la que le ha dado sentido a estos últimos cuatro años de mi “vida”.
Se llamaba Carolina y era la chica más lista, alegre, amable y la más perfecta que he llegado a conocer nunca.
Ella fue quien me salvó de mí mismo y ella fue la que me dio ganas de vivir. Pero ahora, la persona que me salvó, no ha podido salvarse.
Te echo de menos, amiga, y espero que no te olvides de mí allí donde quiera que estés. Yo no te he olvidado. Jamás lo haré. Gracias por estos últimos años junto a ti.